La mañana trajo ese pulso particular que solo aparece cuando la escuela pública hace lo que mejor sabe hacer: abrir mundos. Hoy, en el turno mañana, los y las estudiantes comenzaron a exponer sus Trabajos Finales del Proyecto Integrador de Informática, culminando un año de trabajo serio, constante y profundamente formativo.
Este proyecto no surgió de la nada. No fue cuestión de “talento”, de “suerte” ni de habilidades previas. Fue la culminación de un proceso pedagógico sostenido durante todo el año, construido paso a paso, clase a clase, error a error, avance a avance. Nada de lo que se vio hoy hubiera ocurrido sin ese recorrido.





El proyecto se desarrolló siguiendo las etapas reales del proceso profesional de desarrollo de software:
• Análisis de requerimientos, para comprender qué debía resolver el sistema y a quién beneficiaría.
• Diagrama Entidad–Relaciones, construyendo la estructura lógica de los datos.
• Diagrama de Casos de Uso, anticipando interacciones y roles.
• Diseño y creación de la base de datos, articulando contenidos de Tecnología del Software Libre.
• Programación con HTML, Bootstrap y PHP, incluyendo conexión a la base de datos, consultas y lógica del sistema.
• Defensa oral, instancia en la que cada estudiante expuso su proyecto y reflexionó sobre su proceso.
La consigna pedía integrar todos los saberes abordados durante el año: barra de navegación, Bootstrap, login y sesión, CRUD completo, conexión a base de datos, estructura ordenada del código, criterios de diseño y uso crítico de la IA. Y esa integración se vio, página por página, argumento por argumento.






Pero lo más poderoso ocurrió en la defensa oral. Cada estudiante realizó una reflexión personal sobre su recorrido: lo que aprendió, lo que le costó, cómo pensó, cómo resolvió problemas, cómo creció. No fue una exposición fría, técnica; fue un reconocimiento consciente de su propio desarrollo como sujetos que piensan y producen tecnología.
Y todo sucedió ante la mirada atenta, respetuosa y silenciosa de sus compañeros y compañeras. Ese clima de escucha genuina —tan difícil de lograr, tan valioso cuando aparece— sostuvo cada palabra.
En estas presentaciones se vio pensamiento computacional, pensamiento crítico, oratoria, argumentación, responsabilidad digital y un uso crítico de la inteligencia artificial. No como atajo, sino como herramienta para potenciar el trabajo real.


Y hay un punto central: Esto no es solo la acreditación de Proyecto Integrador (PTI) y Tecnología del Software Libre (TSL). Es una experiencia enorme, formativa en un sentido profundo, donde cada estudiante se prueba a sí mismo, se reconoce capaz y se apropia de su producción.
Pero la transformación no es solo técnica. Hoy, estos estudiantes son más libres a nivel tecnológico, en el sentido de dejar de ser consumidores obedientes y pasar a ser creadores capaces de cuestionar, decidir y transformar. No es un detalle. No es un efecto secundario. Es una decisión política: enseñar tecnología de manera liberadora.
Una decisión política de la escuela. De los profes que acompañan, exigen, orientan y sostienen. De cada estudiante que decide pensar en vez de repetir.
Hoy se cerró un proyecto, sí. Pero lo que se abrió es enorme: una comunidad capaz de crear tecnología con identidad, con criterio, con libertad.



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